lamiendo la sangre de la cara de un bebé humano
a quien le da de comer,
es la única que deseas.
Abrió la mano
y te ofreció sal
y azúcar
Te cubrió con una manta
y te puso el espejo más grande
a tus pies
Dejaste de ser mendiga
y dar para recibir
La suciedad fue soltándose
conforme te lanzabas por el tobogán
Y te dio igual el pánico a la caída
si solo podías saltar.
Años como puntos suspensivos
cuando miras de lejos
como si no fueras tú.
Años como cuevas
Años perla
Años dado
¿Tendré suerte?
¿Lo perderé todo?
Años colgando de mis oídos
como pendientes
de piedras preciosas.
Años lágrima
Años vientre
Años insospechados
Todos ellos en fila, descansan apoyando su cabeza en el hombro del siguiente, durmiendo la siesta
como si viajaran en un vagón del metro de japón.